El cine en España: sin base

Recientemente la cultura española ha ido desvirtuando la importancia que radica en la escritura del guión. En el presente texto demostraré que la dedicada profesión del guionista, del buen guionista, es pieza clave y fundamental para la realización de cualquier producción cinematográfica actual que pretenda alcanzar las valoraciones más elevadas y que por lo mismo, debe ser bien remunerado su trabajo.
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El escritor y guionista español, Martin Casariego, hacía un grandioso aporte para la revista virtual El Cultural, en la que explicaba que: “El guión es como la estructura de un edificio. No es la fachada, no es lo bonito (o feo) que la gente ve cuando camina por la calle, pero si falla, todo el edificio se viene abajo”; esto quiere decir, que el guión es la forma que se le dará a la historia, el discurso o la ruta a seguir para la correcta realización final de la película, pero frente a esta apreciación, por lo general, se hace caso omiso. Aquí aparece el primer problema.

En España, así como sucede también en otros países del mundo como Estados Unidos, cuando las producciones fílmicas se preocupan más por acortar costos en el guión, muchas veces tratando al guionista en un segundo plano, desconociendo su potencial creativo y las implicaciones que tiene su trabajo para sacar adelante un rodaje o contar una buena historia, se pierde la calidad. No estoy diciendo que el productor no deba asumir su papel, esforzándose gastar lo menos posible en la compra del guión, sino que hace falta que note cómo esta negociación afecta el resultado esperado, pues a un guionista lo desmotiva el sentir que se aprovechan de él. Si un guión está hecho de buena manera, la película saldrá excelente. El guionista es la base del proyecto fílmico y como tal hay que reconocerlo, pero por el contrario, ahora se les paga la mitad de lo que representaba su sueldo hace 10 años.

Ahora, para dimensionar un poco más el asunto, hay que tomar en cuenta los largos tres años que comúnmente y como mínimo se debe tomar un guionista para desarrollar un guión de talla. Sumando que los productores esperan a que guionistas desesperados les envíen propuestas apresuradas para rodar rápido, incrementando el descuido frente a los que sí se le miden a escribir a paso continuo y sin premura.

Muchas veces se prefiere que vendan su trabajo y no aporten más a la producción, reportándole ganancias ínfimas. De cierta forma, se está tendiendo a considerar al guionista como un instrumento que se usa pasajeramente para construir una idea y venderla, pero no se cae en cuenta de la importancia real detrás de esta profesión, el talento que se debe tener para manufacturar un escrito que coherente debe mostrar una narrativa escénica sin igual, a partir de descripciones precisas, personajes y diálogos. En España, como ya veníamos diciendo, esto se hace notorio. Juan Marsé, por ejemplo, un novelista y guionista reconocido en este país, habló para esta misma revista virtual, poniendo en un punto de comparación a la industria de cine estadounidense con la española, de modo que: “La diferencia con la industria norteamericana es abismal; allí hasta que el guión no está pulido, no se rueda; aquí, cualquier chapuza se da por buena”. Así mismo fue claro y aseguró, por experiencia propia, que el cine español está fallando desde la base, en otras palabras, en el guión.

El segundo problema se presenta cuando no se protege la figura del guionista y se lo deja a la merced de otras como la del director o el productor. Es tan así, que de cuando en cuando, por no decir que la gran mayoría de las veces en España, un escritor de guión ve interrumpida su labor con tres o cuatro aportes del director, quien en lugar de consensuar ideas y llevar a un buen término la forma final del guión y las escenas, se enmaraña en detalles que no van al caso y se disputa su autoría general. A propósito de esto, en el diario virtual El Confidencial, se resalta este punto con certeza: “Aquella vieja máxima de que el verdadero autor de una película es el director, urdida en los años sesenta por un grupo de franceses egocéntricos, ha calado hondo durante décadas y pervive en nuestros días con idéntica fuerza”; permitiéndome destacar que España es uno de los países donde más se ha hecho fuerza por manejar una autenticidad de lo propio en el cine, a pesar de contar con múltiples ejemplos sobre apropiación de derechos de autoría. El guionista se hace pieza fundamental en tanto que sea tomado seriamente su figura, sin enviciar su imagen por afanes comerciales o de contrato y esto es crucial en estos momentos en el país ibérico.

En conclusión, en España, así como en otra parte del mundo, es necesario que se enfatice en el guionista y se le reconozca por su talento como gestador de una idea que se moldea creativamente y de acuerdo a unos parámetros de escritura específicos para el audiovisual, se le tenga más gratitud de parte de los productores y se les permita un buen pago por su trabajo que es el pilar más importante del cine.

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