La grandeza del estilo de Wes Anderson es cosa de estilo

Afortunadamente el cine cuenta hoy con la presencia de hombres geniales en su haber de directores y guionistas, hombres que se adelantan a lo que la audiencia espera ver pasar por la cámara con su creatividad y dotes para responder a los géneros de manera novedosa.
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The Grand Budapest Hotel es una excelente película que sin duda refleja, en su mayor representación, la imagen del estilo único y personal de uno de ellos, Wes Anderson. En ella, el director y guionista estadounidense de 47 años despunta con una narrativa y un humor absurdo que sobresalen visualmente hablando.

El éxito que obtuvo Anderson con The Grand Busdapest Hotel parte de muchas razones. Por un lado, a si dé más importancia al estilo técnico que a la sustancia misma de la historia, y posea una ligereza argumental, todo esto es opacado por la delicia visual que aparece en la pantalla. Cuenta también con un reparto reconocido y de alto nivel, con algunos de los cuales ya ha trabajado en producciones anteriores, con un ojo telescópico para los detalles, el color, la fotografía, los decorados, el maquillaje y los personajes, donde cabe su excepcional manejo de los diálogos y experimentación con la cámara.

“En efecto, se trata de una película visualmente artística: sorprende gratamente plano a plano, desde el encuadre a la secuencia, con gozosa originalidad, por lo que la cámara nos atrapa a cada momento desde el asombro”, explicó el crítico de cine William Venegas, para el diario virtual La Nación, de Costa Rica.

Envueltos en conflictos casi permanentes, los personajes de Anderson como lo es, por ejemplo, el protagonista, Gustave, el dueño del hotel, va a estar siendo parte de numerosas persecuciones y altibajos, intentando mantener siempre la cordura. Tras de él va a estar Zero, un leal botones, que hará hasta lo incansable por su jefe. Y en el trasfondo de todo tendrá lugar un asesinato enigmático que compromete la herencia y el futuro del gran hotel Budapest.

Como lo decía el diario El Espectador de Bogotá, en una de sus publicaciones: “La cinta de Wes Anderson, su octavo título como director de largometrajes, funciona como una máquina precisa y bien aceitada, como el mecanismo de un reloj antiguo que no falla. Los planos están compuestos con una precisión casi geométrica; las tomas siguen a menudo a los personajes durante la acción, aunque sin llegar a ser cámara montada al hombro: como si Anderson hubiera diseñado cuidadosamente sus encuadres y toda la acción hubiera sucedido naturalmente en frente de él”.

Por todo esto y más es que este director se mereció palmariamente la nominación a Premios Óscar, Premios BAFTA y Premios Globo de Oro; de los cuales en este último, pudo abrazar una estatuilla en la categoría a la mejor película de comedia. Su faena en mantener el concepto de la simetría y el equilibrio, así como la sensación de estar aventurados en un cuento fantástico a través de la hermosa fotografía y la dirección de arte durante todo el filme hizo que el público quedara deslumbrado.

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